Aquelarre

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1Oct

Aquelarre Inició su actividad en abril de 2010. La idea central, germen de nuestra ahora realidad, era proponer lo cultural como un reestructurador social.

Queríamos impregnar de belleza la vida diaria y dotarla de significado. Visto a la distancia, el sinuoso camino nos ha convertido en una empresa cultural. Lo que queda claro, en nuestra experiencia, es que este proyecto trastoca las entrañas de quien lo toca.

Y es que conocer el circuito de producción de una artesanía cambia la conciencia de realidad, te hace mirarla desde un prisma incluyente, pues hace figurar en tu mente el lado oscuro de la luna (la de México): los creadores y sus talleres.

Hablar del producto artesanal encierra varios dilemas y formas de asumir la paradoja de nuestra identidad y adoptar una postura ante ella. Es decir, cuando compramos un refresco o cualquier otro producto del súper, no nos preguntamos quién lo hizo o si el precio que pagamos es correcto. Ambos productos, el industrial y el artesanal, están a la venta pero, a diferencia del industrial, el objeto artesanal confronta nuestra identidad, toca nuestros sentimientos, sea por la belleza representada en su arte y su maestría técnica, o porque reaviva el vínculo que nos conecta con el pasado y las culturas originarias del presente.

Por otra parte, la difícil inserción de los productos artesanales como mercancía en un modelo económico capitalista al que en origen, por su modo de producción, no pertenecen, representa toda un odisea. Es decir, los talleres tienen una estructura local, más aún, familiar, para su eficaz supervivencia. El trabajo se reparte entre los miembros de la familia, comparte una administración centralizada, y el beneficio es para todos. Es la economía social, la economía solidaria. Pero para nuestro sistema de administración tributaria conforma parte de la economía informal (evasora de impuestos) que debe incorporarse al régimen (para poder fiscalizarla). Y cómo no, si tan sólo el sector cultural, diseminado en un sinfín de actividades económicas catalogadas en la Cuenta Satélite de Cultura de México, contribuye alrededor de 2.8% al PIB nacional. Y dentro del sector cultural, las artesanías y juguetes tradicionales generan el 33.2% de empleo1. Sin embargo, el beneficio económico no llega a su creadores en igual proporción. Los datos duros no se reflejan en la calidad de vida de los artesanos.

Aquelarre nos abrió la puerta a este mundo paralelo y nos fuimos acercando cada vez más a mayor cantidad de productores, fuimos conociendo sus talleres-casas, sus familias, sus procesos; y del otro lado, a los clientes, para quienes, muchas de la veces, era una sorpresa conocer el detalle de los procesos artesanales. Porque no es lo mismo cultivar algodón, cardarlo, hilarlo y tramar el lienzo donde alguien enfundará la almohada que consultará en sus desvelos, a que una máquina repita el patrón para la que fue programada y replique por miles la funda que alguien comparará en un almacén . No es lo mismo.

A lo largo de estos años, acercarnos al proceso creativo de objetos nos ha mostrado un camino de conocimientos, creencias, incluso olores. En nuestro anecdotario figura la discusión por quitarle o no el olor a humo a unos rebozos que fueron bordados cerca del fuego, o entregar las ollas de barro curadas o con un instructivo exhaustivamente detallado para hacerlo. Cada encuentro con los artesanos ha forjado nuestra convicción en su trabajo, en la importancia sus talleres y la producción artesanal. Los objetos tienen historia, nos vinculan con nuestro pasado en el presente, su proceso creativo es palpable, vive en ellos y los hace únicos, están bien hechos y, por si fuera poco, son hermosos.

En nuestro Aquelarre se reúnen mujeres y hombres creadores que comparten sus saberes y cultura, cuyo trabajo restablece el tejido social de México, nos permite identificarnos y sentirnos orgullosos de lo que se hace en México. Nuestra mayor apuesta es que el público se sume a este encuentro.

1Cruz Vázquez, Eduardo. 2016. Sector Cultural, Claves de Acceso. Edit. Editarte/UANL. México.

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